lunes, enero 24, 2005

// Junta para dos //

Cuánto tiempo intercambiamos mails antes de que decidiéramos darnos la oportunidad de mirarnos a los ojos? Un año? Dos? .... el tiempo no corría, todo se detenía cuando, sentados frente a nuestros computadores, nos escribíamos, o usando mensajería instantánea, creíamos estar juntos.

Una noche cualquiera, armado de valor, te propuse terminar el juego virtual y encontrarnos cara a cara. Desde el otro lado de la pantalla sólo aparecían caritas como :=) .... o tal vez ... :p ....

Siempre sentimos que había algo más que buena onda. Algunas veces nos sorprendimos diciendo "te deseo", o "quisiera estar contigo ahora", pero nunca nos atrevimos a decir nada explícito.

La cita fue al mediodía siguiente, el horario de amores furtivos por excelencia. Me atormentaba la idea de que un encuentro real contigo fuera el fin de una relación tan honesta, tan generosa en sentimientos, y tan llena de pasión otras. Cómo sería la conexión al otro día? Estarías "on line"? .... o yo .... me atrevería a "iniciar sesión"?

Por fin apareciste entre la gente, graciosa, con ese "charme" al caminar, tan imaginado por mi tantas veces. Una belleza de mujer, tan en tu lugar. Un beso cercano a la comisura de los labios y un abrazo tan estrecho fue nuestro saludo. Después de un café en un local desconocido para ambos, nuestro destino inevitable, después de las miradas encendidas de ambos, fue un hotel del que hablamos más de una vez en nuestras eternas conversaciones virtuales. Fue tal como lo soñamos.

La química mutua hizo que las pasiones incendiaran el lugar de caricias y besos profundos, y deseosos del otro. Las ropas cayeron al suelo, y la visión de tu cuerpo maduro, pero magnífico, hizo que mis deseos elevaran la temperatura del lugar. Tus manos recorrían mi cuerpo, las mías descubrían los valles y montes del tuyo. Esos pechos preciosos, delataban tu respiración agitada y deseosa, urgente. Tu sexo húmedo, el mío palpitante, expectante. Sucumbimos ambos al deseo, un par de veces, o tres, no lo recuerdo bien. Tu cuerpo cantaba las experiencias previas, el mío lo agradecía cada vez que estuve en tí.

Una amante perfecta, el sexo en toda su expresión, sin miedo, ni estéril inhibición. Sólo tú y yo, dando rienda suelta a todas las fantasías que antes fueron virtuales. Las horas pasaron, inevitablemente. Volvimos al café, casi no hablamos, sólo nos miramos con mirada cómplice. Después de recibir la cuenta, deberíamos volver a nuestras casas, a nuestra rutina de todos los días. Yo, a mi soledad, tú, a tu familia. Un beso, cercano a los labios, un abrazo. Te subiste a un taxi, yo encendí un cigarrillo y caminé a mi auto.

No pregunté tu nombre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

..en lo personal..prefiero algo menos furtivo...eso me deja gustao a poco..pero bueno sobre gustos no hay nada escrito..buen relato....

La ke esta lejos en distancia pero cerca en espiritu

LaFeña dijo...
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