martes, marzo 21, 2006

// Generaciones //

Por sugerencia de la Karincita, me detengo a leer el blog de La Romané, una divertida chica treinteañera que despotrica contra lo mal que lo pasó con el troglodita del que ya tiene un par de años separada, y con el que convivió un par más. Enumera todas aquellas circunstancias que pareciera recién ahora está descubriendo. Creo yo que siempre existieron, y que dado el nivel de cariño mutuo que se deben haber tenido, pasaron a un silencioso y tolerante segundo o tercer lugar en la escala de las prioridades. De las discusiones domésticas. Claro, es mi pre-juicio, pero es lo que yo desprendo de lo leído.

Cuando el cariño se va muriendo, cuando la rutina nos va merodeando hasta hacerse dueña de nuestros espacios, esos defectillos que uno ha pasado por alto tantas veces, se van agigantando y pareciendo más amenazantes, llegando a irritar de tal manera que llegan a convertirse en partes componentes de la causa de nuestro rompimiento.

Claro que leyendo con atención, el “sujeto” en cuestión parecía bastante chanta, creo que nadie puede andar por la vida meando las tapas de los wáteres, como si nadie más las ocupara en la vida, ni roncar en la noche so pena de no dejar dormir al vecindario sin hacer el mínimo gesto por visitar al otorrinolaringólogo.

Al parecer no tuvieron hijos, no leo nada al respecto. Seguramente, habría sido de los especimenes que gritan desde el living: “Gordaa, el niño está cagado!”, tapándose la nariz con un rictus de asco en la cara, como si se enfrentara a un aroma de vertedero, sin asomo de ganas de llevar al infante al baño a lavarse el poto y cambiar el pañal (desde hace como 20 años desechables), por lo que ni siquiera tiene que pasar por la experiencia de doblarlo y dejarlo en remojo en cloro, como lo hacían las madres de antes, para lavarlos al final del día todos juntos, para ahorrar el jabón Popeye .

En beneficio de las actuales generaciones de padres, se podría decir que se ha evolucionado en gran forma de un tiempo a esta parte. Baste con referirse al tema de los pañales como para tener una idea. Antiguamente, la labor de las madres (porque los padres ni se asomaban a la crianza de los hijos pequeños) era muchísimo más sacrificada que la de las madres modernas. Los bebés se “mudaban” con pañal de género, después de haberles empolvado el poto con talco o algún otro elemento para mantenerlos secos el mayor tiempo posible, además de aplicarles cremas anti “coceduras” o alguna otra receta más artesanal. Y sobre todo eso, el inefable calzón de goma, que no permitía la salida de las humedades hacia el pijama o la ropa que andaba trayendo el pendex. A estas alturas, cuando la terminaban de vestir, la guagua se parecía al mono de Michelin, que apenas podía moverse, con tanto lulo.

Tema aparte la ayuda a las horas de comer de los críos, o preparar una mamadera a medianoche (las medidas plásticas para la leche, santo remedio), o levantarse cuando lloraban (también a medianoche). Qué me dicen de llevarlos al colegio, y darles un beso al dejarlos en la puerta? O conversar con ellos de temas que les parecían tabú?

Las cosas (afortunadamente para nuestros hijos) han cambiado, y nos esperan, gracias a ello, mejores generaciones de padres. De hombres en todo su significado. Hombres más humanos, más cercanos.

Recuerdo siempre que mi padre (una generación un poco más relajada) nos contaba que mi abuelo no les permitía ni hablar en la mesa a la hora de las comidas, sin que algún mayor les preguntara algo directamente, y ni pensar en “tutearlo”. Siempre dirigiéndose a él como “Señor”. Las generaciones van cambiando, los jóvenes son otros, y los padres tenemos la obligación de saber en que están y para “donde va la micro” para no ampliar las famosas brechas generacionales, y tener la instancia de conversación. Si no sabemos en que andan, ni sus gustos musicales, ni sus tipos de fiesta (carretes) de qué les hablamos en el corto plazo?.

Creo pertenecer a una generación de padre (y conviviente) evolucionado gracias a la observación y experiencias propias con las generaciones pasadas. Un padre (o esposo) de los antiguos sencillamente pensaba que el hombre que cocinaba era maricón, y que el hombre que cooperaba con las tareas de la casa era “macabeo”. Hoy son los menos los que están en esa parada, y me felicito por no ser uno de ellos. Creo que mis hijos también lo entienden así, y espero que mis hijos varones sean mucho mejores, que su padre y sus abuelos.

5 comentarios:

Kein dijo...

Jajajaja, pero qué buena..!!! Tal como en el comment que dejaste en mi blog, de pronto me detuve en los pensamientos acerca de mi padre… afortunadamente, a pesar de su edad, es un gallo bastante más relajado que los de su generación diría yo… De hecho poco le digo ‘papá’… por lo general es ‘viejo’ o ‘huaso’ (Eso de huaso viene de un chiste que contaba, porque es nacido y criado en Stgo.) Malazo pa’ la cocina el viejo, haciendo arreglos en la casa es nulo (por eso desde chica me vi cambiando enchufes e interruptores y usando el taladro además…) Pero la mamá cuenta que era re weno sacándole la caca a los pañales con una varita de naranjo y dejándolos en remojo para lavarlos después… Mi sobrino mayor (hoy con 25 años) usaba dichos pañales… Desde aquel entonces que aprendí a mudar críos y a cuidarlos… claro que anoche estuvimos viendo con Diego el video del día que nació y luego su primer baño y no podía creer lo lerda que era..!!! Típica primípara… En ese sentido mi ex fue siempre re buen papá, muy colaborador en lo que al enano se refiere…

En fin, hubo una mezcla de dos temas en tu post… Uno el de los ‘viejos antiguos’ (Me da risa ese término..!) y lo otro es cuando la rutina llega y el cariño se va en una relación… Yo creo que es una especie de catarsis eso de decir lo malo que era el sujeto en cuestión, una forma de justificarse en una de esas, no lo se… pero en mi caso particular me siento sana una vez que fui capaz de ver que las cosas se murieron por una responsabilidad compartida, pero que tengo muchos recuerdos lindos y experiencias que me hicieron crecer… sin mencionar al sabandija..! Para mí ha sido mucho más sano dejar las cosas buenas y transformar las malas en simples detalles. Voh cachai que soy medio atípica pa mis cosas… =P

Ya, mejor no sigo porque podría estar un buen rato escribiendo de ambos temas… además, si no llamai por teléfono, mandai mail y la inspiración se me va a la… bien lejos..!

tk… :-*

PS: Todavía me parece escuchar al perico diciendo gordaaaaaa..... Jajajaja..! Buena..!

Cleo dijo...

No more to say......(Charly García)

Cada día, me acerco a la convicción de que no pasaré jamás por las experiencias de la convivencia y de los hijos...así que no tendré que recurrir al blog para exorcizar ese tipo de demonios.

Viva la soltería!!!! La primera, la segunda y la eterna!!!!

Romeroventura dijo...

Qué recuerdos...fíjate que a mis veinte y dieciseis, todavía recuerdo LA LABOR que significaba lavar TODO LO QUE ES el pañal de tela. Me tocó con mi hija de 14 años hoy día. La mejor imagen: los pañales una vez bien estrujados, eran secados por este servidor con la plancha - pleno invierno - mientras no me perdía detalle de la teleserie de turno. Un verdadero poemita.
Qué recuerdos! Qué generación!

LaRomané dijo...

Disfruté mucho loq ue escribiste. Como bien sacas en conclusión, no tuvimos hijos (lo que agradezco ahora). Imagino que quizás se hubiera dado la escena que dices..."Romané, ven a recoger al niño que se cayó a mis pies"...de la que me salvé.

Para mantener el buen nombre de algunos hombres, debo destacar lo excelente padre que es mi hermano (auqnue de su papel de hermano, me abstengo de comentar). Es de los que hace de todo y más que mi cuñada. Espero que se multipliquen como amebas este tipo de hombres modernos. SIn miedo al áñal y al chanchito.

SAludos
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LaRomané

Irarrazabal dijo...

Conozco a Romané, a pesar de lo que le sucedió mantiene una sonrisa íntegra y de no saber su historia nadie la sospecharía.

Déjame felicitarte yo a ti, por tu fuerza, pues yo no hago ni la décima parte que tú y ya me cansé hace bastante tiempo.

Saludos.