lunes, enero 29, 2007

:: metro y tantas otras cosas ::




Y uno se deja llevar por la rutina del caminar al andén, por la cantidad de gentes (que gracias al verano andan pegando codazos en la playa) y por la mécanica del día a día.
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Y pareciera que entrar a un vagón no tuviera más sentido que trasladarse de un lugar a otro.
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Y resulta que cada par de ojos que uno alcanza a divisar entre tantas cabeza tiene miles de historias que contar.
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Cada paso que se da es sobre otro paso que alguien dio antes.
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¿Cuántos miles de pensamientos flotan en el caluroso aire del carro?
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Cada vez hay menos gentes con ganas de oir al resto.
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Cada vez más es la gente que se adormece y anestesia en su propio ambiente y música.
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Tanto ver y tan poco mirar
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Son baratos los reproductores de MP3.

1 comentario:

Cleo dijo...

He regresado...
Y sucede que justamente hoy, en mi primer día de regreso a la jungla de cemento, tuve la experiencia de andar en metro, cosa que hago con muy poca frecuencia, principalmente porque no pasa tan cerca de mi vivienda.
Y puchas que tienes razón.
El MP3 es un gran invento, qué duda cabe. Entre cerrar los ojos y volar las estaciones al ritmo de la música, y mirar las caras tristes o enojadas de mis conciudadanos, no tengo dónde perderme. Eso de andar imaginando las historias que subyacen tras los compañeros de viaje, parece que ya no se lleva.
Debe ser cuota de timidez que se apodera de mí en estas instancias, al igual que en los ascensores.
Insisto, el MP3 es un gran invento.

Un besazo para ti y otro para tu mariposa,

La Reina del Nilo urbana.

PD: No crees que nos debemos un café, y sobre todo, una conversita???