miércoles, marzo 14, 2007

:: metro y la gente ::


El anciano octogenario caminó lentamente, como disfrutando de cada paso. Avanzó por el andén lleno de gente y se ubicó frente a lo que sería la posición que tendría la segunda puerta del tercer carro del convoy, tal como lo tenía calculado hace tantos años. Posición justa para caminar unos pocos metros para llegar a la escalera que lo lleve a la línea 1, esa que atraviesa Santiago de lado a lado, de Oriente a Poniente.

El viaje hacia la estación de transbordo dura alrededor de 8 minutos, como también lo ha calculado los últimos 30 años, que es el tiempo que ya tiene nuestro sistema de trenes subterráneos llamado Metro de Santiago, que dicho sea de paso, debe estar recuperando con creces toda la inversión que ha hecho estos años con la implementación del Plan de Transporte Transantiago, ese que ha sido tan vilipendiado estas últimas semanas, y que nos tiene viajando a 6 pasajeros por metro cuadrado dentro de los vagones en horas pico (con calidad de servicio del mismo tenor).

El viejo porta un par de bolsos del tipo notebook, el suyo y otro que lleva a uno de sus amigos del coro en que participa semanalmente, desde hace 50 o 60 años. La comodidad para moverse con facilidad es limitada. Se acerca la estación de transbordo, y como siempre lo visita la misma tonta ansiedad de siempre, de sentirse atrapado y no poder bajarse ante tanta gente que intenta, al mismo tiempo, abordar el tren, con su propia ansiedad de no quedarse abajo.

Llega el tren a la estación. La gente busca la puerta más cercana. Afuera la gente espera subir, esperando la menor señal de apertura de puertas para tomar el carro por asalto. Tren se detiene.

El viejo intenta caminar hacia la salida, y la gente lo estrella, se estrellan unos con otros, todos quieren bajar, todos quieren subir. El viejo se encuentra frente a frente con otro señor que intenta subir con un carro porta valijas que pone por delante, pero que no permite la pasada de nadie en la bajada, pero él insiste en subir y se encuentra con la gente que sigue bajando. El viejo intenta hacerlo a un lado, junto con su carrito, para poder pasar con sus propios bultos, se produce un intercambio de palabras/palabrotas, y a la menor provocación el hombre del carrito propina un golpe de puño en la boca del viejo que, atónito y algo mareado, sólo atina a llevar la mano a su boca que sangra profusamente, mirando al agresor que se aleja arriba del tren, entre la gente que repleta el tren, y que no ha querido ver ni hacer nada.

Sólo una estudiante se acerca al viejo y le ofrece un pañuelo desechable para limpiarse la boca, que tiene los labios partidos con el golpe. El viejo, que también sufrió la fractura de uno de sus dientes, es atendido solícitamente por personal de seguridad de Metro, es acompañado a un baño donde puede sacudirse un poco la sorpresa y la vergüenza. Se le comunica la cobertura de seguros de Metro para estos casos, en que los gastos médicos son reembolsados íntegramente, y toma el Metro de vuelta a su casa, a lamer sus heridas.

Esta narración podría ser la descripción de un incidente como muchos de los que suceden en todos los metros del mundo. Relato que desnuda la calidad de vida que estamos viviendo en ciudades con ansias de desarrollo, con aires de país super desarrollado, con complejo de jaguares, pero comportamiento de salvajes, donde a la menor (o ninguna) provocación un cobarde matón te da un mangazo en las babas como si nada, sin importar si eres más grande o más chico, si eres joven o anciano, como este caso, que es verídico. Esta historia sería una historia más, que tal vez yo no habría traído hasta aquí, si no fuera real, y si el viejo agredido cobardemente no fuera mi padre.

4 comentarios:

Dani Pez dijo...

Que impotencia!! que rabia!!, como pueden estar pasando esas cosas, pegarle a una persona de edad, porque si?...
me imagino que el tema es un caos, pero llegar a esos extremos?...que pena que el nuevo sistema haya sido tan mal elaborado, porque la idea era buena, pero no supieron ponerla en marcha...falta mucho por hacer..
Ojalá que tu padre se haya recuperado física y psicológica, pq algo así demás que te deja traumado...pobreeee...
Saludos!

Kein dijo...

Esta tarde leí, perrito... quise comentar pero no me abrió nunca esta page... Me quedé muda, me dio pena y más rabia que la cresta... Da más rabia parece cuando se trata de alguien cercano... Lo encuentro el colmo... Cachai cómo se vuelve más loca la gente..??? Ayer un perico, por gusto, me tiró el auto encima... afortunadamente no me hizo nada porque tengo buenos reflejos no más... pero basta ver mil caras en un taco para darte cuenta que 995 de ellas están desfiguradas... No sólo el metro se está haciendo millonario... los psiquiatras se van a hacer el pino..!!!

Un abrazo especial... para tu padre también...

Te quiero, leso...

Cleo dijo...

Qué duda cabe, estamos cada día más locos. Y el metro ya no será lo que era....por el trasvasije de rotos desde las micros.

Un abrazote para ti y otro para tu padre...

La Reina del Nilo intolerante.

Pamela dijo...

Tipos como ése no deberían pasar desapercibidos después de esa clase de actos... de verdad que se siente una tremenda impotencia,pá.
Un abrazote para el tata