martes, julio 17, 2007

:: carta bajo la puerta ::



Hola preciosa:

Vi la luz encendida, y quise pasar a saludarte. miré, golpeé la puerta, la ventana, lancé unos guijarros sobre el techo, y nada. seguramente dormías. esperé un rato, para ver si, por esas cosas de la vida, salías a la ventana a mirar la calle, y el pasar de la gente. encendí un cigarrillo (sí, si sé, no debería fumar) y esperé un rato más.

es temprano, apenas amaneció hace un par de horas, y es poca la gente que anda en las calles. mi insomnio (y el despertador) pudo más y me hizo bajarme de la cama más temprano que nunca, aunque tenía programada una reunión de aquellas, en que la persona que te cita hace gala de su gran experiencia y de lo buenas que son las expectativas, además de la gran cantidad de plata que vamos a ganar. eso se ve en el camino, pienso, y me quedo mirándola y haciendo las preguntas de rigor (horarios, metas, comisiones), que ella responde muy convencida. me gusta eso, que demuestre ganas en lo que dice, motivadora la señora. debe tener algo más de 50 años, y será la supervisora del grupo de ventas que integro desde hoy. ella dice que tiene muchos años en ventas, aunque nunca ha vendido nada, sólo ha sido Supervisora de Ventas. por ahi se entiende aquello que dicen respecto a que un buen vendedor no necesariamente puede ser un buen Jefe de Ventas.

miro hacia la ventana de nuevo, y las cortinas siguen igual de cerradas. parece que seguiré el camino hacia mi casa. probablemente pueda darme un rato para leer un libro que rescaté de la biblioteca hace un par de días. fuguet tiene eso de la nostalgia en lo que escribe, cuando menciona lugares con los que uno rememora tiempos pasados, épocas enteras, costumbres y el lenguaje es coloquial, cercano. mala Onda debe ser uno de los pocos libros entretenidos (por lo poco que he leido hasta ahora) que les dan a leer a los pendejos de enseñanza media en estos tiempos. debe ser que, como uno tuvo que leer Martin Rivas, La Amortajada o Niebla, y que me perdonen los puristas, que eran una soberana lata, encuentra esta lectura contemporánea muchísimo más entretenida.

todo eso pienso mientras te espero. el resfrío veraniego es una lata gigante. eso debe tenerte postrada en la cama, con un montón de pañuelos desechables mojados, el enésimo vaso de jugo en el velador, con un dolor de cabeza de los mil demonios, y esa congestión de mierda que nos hace hablar como gangosos y con ganas de puro dormir, con la ilusión de despertar al rato y no sentir ninguno de los malestares, que como arte de magia desaparecieron, no por efecto de los medicamentos, si no que por simple aburrimiento. ya, clau, me voy.

me habría gustado conversar un ratito contigo y contarte todo ésto que pienso. ah, y decirte que te estoy extrañando cada día. que mi amor por tí sigue intacto. que he soñado contigo un par de veces, intensamente. que cuando no estoy durmiendo, me visitas el pensamiento. que preferiría que las distancias y los tiempos no existieran un buen rato. en fin, tantas cosas, que tendrán que quedar para otra oportunidad. llámame cuando puedas, a ver si nos tomamos un helado de menta.

te quiero muchísimo. Yo.

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