lunes, noviembre 03, 2008

:: santos y muertos ::

noviembre se me antoja tétrico. ya la víspera se me traduce en muerte. halloween, noche de brujas, que empieza cerca de las 20 horas con la tropa de niñitos (y otros pailones no tan niñitos) recorriendo calles y pasillos disfrazados de todo tipo de esperpento pidiendo golosinas con el aval de algún acompañante mayor, que en un discreto (?) segundo plano pone de cara de "alguien tiene que acompañarlos, pues vecino!", y esboza una sonrisa tan idiota como la nariz de payaso que le obligaron a ponerse para no desentonar con los niños que anda escoltando. sigo discrepando de celebrar tal fiesta en nuestro país, pero a la industria de golosinas en chile le importa un carajo lo que yo pienso, y a miles de familias también (incluyendo a mis hijos).

el uno de noviembre está, según el calendario cristiano (o debiera decir católico?), dedicado a Todos Los Santos, aunque haya Santos que no lo son tanto. pero la mayoría de la gente parte ese mismo día a los cementerios a visitar las tumbas de sus muertos, les deja un par de flores, les reza algo aprendido en la infancia, les pule todo lo que pueda brillar, y se sientan un rato a conversar con el ausente, que está más presente que nunca en ese momento.

nunca he ido a un cementerio en estas fechas, teniendo varios muertos a quienes ir a abrazar, y decirles lo mucho que hacen falta en esta dimensión. tengo la impresión de que no es necesario estar allá para que sepan que uno los extraña. suena algo frío, tal vez, pero en la práctica es cierto.

a mis muertos, los llevo en todos mis días. no les celebro ni sus cumpleaños ni sus días onomásticos. los recuerdo cada día, en cada momento que pasan sus nombres por mi cabeza.

mi madre, por ejemplo, VIVE en mí. no hay puto día en que no la recuerde con nostalgia, otros días con una sonrisa y otros con esa rabia de no tenerla cerca. cierto es que los muertos reviven cuando se les recuerda.

mis muertos gozan de buena salud.

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