sábado, diciembre 12, 2009

:: las cosas que se pierden en las mudanzas … :


se pierden los vinilos que escuché tantas veces, las ropas que vestí y los sueños que soñé.   los pasos que dí para entrar, las puertas que cerré al salir.


se quedan las ventanas cerradas al aire del jardín, la vista de los árboles frutales y del laurel, que sube como una flecha al cielo y que clava sus raíces profundas.  se pierden las mil pisadas en el pasillo de madera, la galería interminable de infinitas ventanas.


se quedan las incontables puertas, los gatos que acompañaron a la madre de todos, los perros y los pájaros bulliciosos multirraciales.


se pierde el mal recuerdo, se queda bajo la alfombra desgastada que guarda quizás cuántos otros malos sueños.


las carreras por la galería de piso de madera, cagados de miedo por la oscuridad de después de cenar.  las navidades pendejas, con pascuero incluido.


se extravía el peor de todos los recuerdos, pero se asegura la memoria de los mejores juegos en la plaza cercana.  se queda para siempre el recuerdo de niños jugando con pelota plástica, comprada en el almacén, que tenía el mundo dibujado en sobrerelieve, en la calle, esquivando autos y ancianas vecinas con insomnio.


hasta los planes de cambiar las cortinas se pierden en el ajetreo nervioso de dejar atrás el último espacio habitado, las malas costumbres y el mar sabor de boca al despertar.


se queda el acacio de la entrada, tantas veces podado.  el damasco que murió hace tanto, el durazno lleno de polilla, el membrillo casi a ras del suelo.  una inútil colección de inútiles cactus al fondo del patio de rojas baldosas.  la parra añosa, la uva negra y la otra.


se extravía en el recuerdo una parrilla de mil asados y una casa de perro que nunca se usó.


un jardín, más largo que ancho, que recibía sol sólo en las mañanas, que alguna vez tuvo pasto, verde, árboles y buen gusto, y que ahora no tiene nada más que una manguera plástica que a veces deja salir unas miserables gotas que apenas mojan lo necesario.


y me quedo escarbando la memoria con los dientes, manchados de tanta nicotina de trasnoche, de tanta desveladota cafeína.  me quedo hurgando en los recuerdos, intentando el rescate de algunos pocos buenos sueños. 


y concluyo que Caín seguirá asesinando Abeles.   la historia se repite, pero Caín es el mismo.  aunque cambie de domicilio.  sus muertos lo recordarán por siempre.

4 comentarios:

Mary Rogers dijo...

oye...qué bonito estoooooooo
un abrazo enorme

resonANSIAS MAGneticas dijo...

MAAAAAAAAAAESTRO...!!!!!!!!!!

Si yo escribiera así!!!!!!!!...
UN ABRAZOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOTE...

LiRio dijo...

Esto sí, es talento!


(lo había visto por google reader, pero no había dejado huella... como siempre, que leo por allá y no paso por acá)

Anónimo dijo...

Con tu escrito pienso ... ¿será una tarea escribir "las cosas que traen las mudanzas"?
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En la última, las MEJORES!!!
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AmoT